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Categoría: cine

La invención de Hugo Cabret

Al ver hace unos días la película “Hugo” de Martin Scorsese me quedé pensando sobre el papel que juega el creador, o sea el director de cine, o sea el escritor, o sea el poeta, o sea el pintor, o sea el escultor, o sea aquel que imagina historias, personajes y escenas y las plasma en algún medio con la esperanza de que otros las descubran. Crear no es necesariamente expresar algo nuevo, sino en gran manera revestir de nuevas formas lo que siempre estuvo ahí. Es en muchos casos renovar alguna visión básica sobre lo que es el ser humano. Esta película –cuyas representaciones de la ciudad de París de la primera mitad del siglo pasado son arrebatadoras en la versión de 3D– logra expresar en la persistencia de un huérfano algo muy sencillo, a la vez que guiña un ojo al que se interese en el arte de la creación. Habla del papel de los creadores como atrevidos predigistadores, visionarios que de alguna manera intuyen que el arte no es solamente entretenimiento. La película, basada en la novela gráfica «La invención de Hugo Cabret» de Brian Selznick, también nos dice que todos estamos aquí para alguna razón — aunque esta sea hija de la misma imaginación que enriquece nuestras vidas. Gracias por visitar Libro Abierto. Para subscribirse a futuras publicaciones, escríbanos a libroabierto@vmramos.com.

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Los avatares de una nueva época.

Me he preguntado en muchas ocasiones qué es lo que nos caracteriza en esta época de globalización y terrorismo: Cómo narrarán los estudiosos del futuro los movimientos sociales y artísticos de nuestro tiempo. Se habla de postmodernismo, pero como típicos peces que no ven el agua en que nadan se nos hace difícil explicar este término de manera coherente. La cultura popular parece un mejor índice de las tendencias y preocupaciones del ambiente, y al observarla tiendo a pensar que las revoluciones artísticas se están dando en los lugares menos esperados: como, por ejemplo, en los videojuegos y dibujos animados. No hay duda de que las redes de computadoras son el medio más influyente de esta década que termina. Nuestra esfera de influencia ya no es solamente local, sino que podemos comunicarnos y llegar a lugares remotos por medios digitales. Hasta la socialización se ha globalizado y digitalizado. Ante la realidad de todos los días se levanta un mundo paralelo que coexiste con el nuestro, como esa cuarta dimensión que nunca pudimos imaginar desde la continuidad de tres dimensiones. Largo, ancho, altura… y virtualidad. Tal parece que estamos al inicio de un incremento cultural en experiencias de realidad virtual. Este giro hacia una realidad alterna explica el éxito mundial de la película Avatar. La vi este fin de semana en un cine de pantalla tridimensional y quedé maravillado con el salto tecnológico, y conceptual, que significa aunque no me haya impresionado la trama de su historia. Es sin duda un…

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Soñar lo imposible.

La primera vez que vi el musical «Hombre de la Mancha» («Man of La Mancha») me pareció repulsiva la distorsión significativa de una obra como Don Quijote. La próxima vez fue una de esas madrugadas en las que, agripado, mi cuerpo estaba dispuesto a tolerar cualquier cosa, excepto el sueño. Hubo tercera y cuarta veces porque llegué a encontrar en este traslado al cine de la representación teatral un poder de renovación que habla mucho de la buena literatura. Los personajes memorables, como sin dudas lo es el caballero andante de La Mancha, trascienden su obra porque en verdad preceden a la obra. Son independientes de ella. Son prototipos de ideales humanos que bien podrían desprenderse hasta nosotros desde ese mundo de ideas que formuló Platón. Por ello son reales en otro plano, aunque nunca existieron en el mundo de los sentidos. Eso explica por qué la distorsión de la obra en aquel musical magistral –filmado en 1972 bajo la dirección de Arthur Hiller y con la actuación de Peter O’Toole y Sophia Loren– encarna todavía la misma fuerza que le ha dado vida a este personaje milenario. Es como ver a Don Quijote contado desde el punto de vista de Broadway, con ciertas afectaciones de ese ambiente y de la cultura anglosajona, pero con el mismo vigor de aquella entidad que conocimos primero a través de la pluma de Miguel de Cervantes. El clímax de esta representación se da con la sentida interpretación de la canción «The Impossible Dream»…

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