En estos días de fiebre mundialista me da ganas de ver un partido, gritar a favor de algún equipo y tuitear esa etiqueta que nos invita a hablar en lenguaje imperativo con una conducta: #DileNoAlRacismo (vamos a ver cuántas décadas llevamos diciéndole “no” a otros males, pero ellos no nos escuchan). Esas ganas sólo (sí, insisto, por ahora, en poner el acento) me duran un rato, y termino echando una necesitada siesta frente al televisor. Me pasa lo mismo cuando por unos días me pongo a mirar la Serie “Mundial” de béisbol invernal en Estados Unidos o las finales de la NBA. Soy un fanático muy veleidoso y puedo decir que las conversaciones extensas sobre deportes me aburren. Al final de cuentas casi todos los deportes competitivos consisten de un correteo entre un grupo de hombres que persiguen el control de una pelota, algo así parecido a los cachorritos que se entretienen por largas horas rodando una bola de hilo. Y aunque hay competencias más individualistas, como el tenis, por ejemplo, el objetivo es declarar el mismo tipo de supremacía física entre un espécimen y otro (y el que ve por televisión se siente más poderoso si su equipo gana). No es que odie los deportes, sino que no sostienen mi atención. Me parece que como actividad de grupo no está mal sentarse un rato y tomar partido y discutir con algunos amigos sobre algo que al final de cuentas no importa. Siempre que no se tome la cosa muy…
6 comentariosCategoría: corporaciones
Muchos de los grandes movimientos sociales (no me gusta la palabra revolución en este contexto) que surgieron de avances tecnológicos empezaron en silencio, entre algunos locos que vieron el potencial de algún sendero (tampoco me gusta esta palabra por el mal sentido que le dieron algunos locos marxistas) aún sin trillar. Porque es solamente en los senderos sin trillar que hay potencial.
Sucedió eso con la mecanización de tareas rutinarias, con la invención de aparatos para escribir (este es el inventito que quiero destacar como antecesor de los nuevos), con la transportación motorizada, con las telecomunicaciones y, recientemente, con el internet. Hace apenas diez años desde que irrumpió el internet, causó cierto furor, perdió un poco su brillo de novedad, y pasó a ser un medio más de los que ya existen para que nos comuniquemos, o nos incomuniquemos. Y a tan sólo una década, este medio (del que ya se apoderaron varias corporaciones para fines promocionales) se va transformando en otra cosa, con el advenimiento de mejorías simples en programación que permiten el uso a cualquier persona de alfabetización básica.
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