Al acercarme a Beatriz, el libro más reciente del narrador dominicano Rubén Sánchez Féliz, yo sospechaba que me adentraba en una novela romántica, al estilo de la María de Jorge Isaacs con su obsesión amorosa y descripciones idílicas. Bastó con leer las primeras páginas para saber que me equivocaba si me dejaba guiar únicamente por su título. Sánchez Féliz nos lanza en medio de una escena confusa en la que tres hombres huyen — de quiénes o de qué no se sabe todavía — e irrumpen en una casa buscando refugio hasta que pase “el peligro”. El niño que nos cuenta los sucesos solamente llega a adelantarnos “que en mi casa han colocado una bomba de tiempo”. Hay que seguir leyendo para conocer en su voz las calles acaloradas de su barrio y recibir poco a poco los detalles necesarios para armar el resto de la historia. El relato se centra en gente humilde que malvive bajo el supuesto orden de un gobierno dominicano que no admite retos. Nos vamos enterando, entre lo que dicen o callan los personajes, que jugar a la política en ese ambiente es entrar en un callejón sin salidas y que, como dice el papá del narrador, en esas circunstancias “la vida de un hombre no vale una mota”. La Beatriz que da nombre al libro, aunque apenas participa de la historia, está al centro de la resistencia política y casi llega a representar a otras mujeres que no vemos ni oímos porque ocupan esos…
10 comentariosCategoría: cuento
Foto cortesía de Vincent Steurs, usada con licencia de Creative Commons. Dedicado al profe Gerardo Piña-Rosales. “Grande fue la derrota del hombre; grande su victoria. La ciudad está aún blanca; blanca y helada toda la bahía. Ha habido muertes, crueldades, caridades, fatigas, rescates valerosos. El hombre, en esta catástrofe, se ha mostrado bueno”. José Martí, «Nueva York bajo la nieve», 15 de marzo, 1888. «Escenas norteamericanas. Obras completas», Vol. 1. La Habana: Editorial Lex, 1946: 1879. Hace años que nieva sobre Nuevayor y todavía no para. Los primeros copos cayeron poco después del desastre, cuando todavía corrían los cuerpos desalmados entre la atmósfera turbia de Manhattan. Algunos dijeron que lo que parecía una nevisca inoportuna era el efecto del humo que ahogó a las nubes esa mañana, porque hasta esa hora el pavimento se ensanchaba con el calor típico de cualquier fin de verano, emitiendo un vapor que cocinaba la voluntad. El sol era un punto de luz que succionaba las pupilas. La brisa solamente un recuerdo. Empezó a nevar. Los primeros en notarlo fueron los bomberos que acudieron al sitio del desastre, cuando miraron hacia arriba, al negro boquete de la torre fulminada, y el vértigo les hizo creer que un rayo la partía en dos, igual que sucedía en los íconos del tarot. Algunos cristalitos de hielo se les desbarataron en las caras, como los cuerpos que se dispersaban en explosiones atómicas al clavarse en el pavimento. Era de esperarse que se confundieran esos primeros copos de…
7 comentariosEscribir literatura es filosofar sin perder en la expresión el sentido de la belleza. ¿Quién podría decir que las grandes obras literarias no son un reflejo, si no una expresión y divulgación, de principios filosóficos? Las historias son, desde el principio, la manera en que el ser humano se ha explicado el universo y a sí mismo. Recordemos que “En el principio era el verbo…” Hay una tendencia posmoderna a creer que se puede escribir sin decir nada, con el solo objetivo de entretener. Pero, aun cuando es sin intención, hay mucho de filosofía en lo literario. El mismo intento de negar cualquier significado ulterior es un ejercicio retórico para una visión de la vida. Y lo más delicioso del ejercicio literario es la confluencia del arte con el pensamiento profundo, un casamiento extraordinario entre la imaginación, el razonamiento y la aprehensión emocional de las cosas. Algunos ejemplos. Franz Kafka nos dejaba una declaración existencial al narrar: “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”. Fiódor Dostoievski nos hablaba del castigo inherente en el crimen mismo en su “Crimen y Castigo,” como sugería en las situaciones de su novela y las palabras de su hostigado personaje: “-¿Compadecerme? ¿Por qué me han de compadecer? -bramó de pronto Marmeladof, levantándose, abriendo los brazos con un gesto de exaltación, como si sólo esperase este momento -. ¿Por qué me han de compadecer?, me preguntas. Tienes razón: no merezco que…
6 comentariosUno de los mayores logros de la literatura es que nos pone en el pellejo de otros. Nos hace vivir de manera virtual –esta palabrita que hace años está de moda, aunque su aplicación existe desde los orígenes de la narrativa moderna– la experiencia común de otro ser humano: sea hombre, mujer, loco, idealista, héroe, villano, apasionado, ambicioso, sufrido, mártir, cobarde o redentor. Este es uno de los ángulos más interesantes de la narrativa, particularmente del cuento y de la novela que son primo-hermanos. Se puede descubrir a través de su experiencia aquello que tal vez nunca contemplamos, quedando nosotros, en el mejor de los casos, con una comprensión más elástica del mundo. Esta, me parece a mi, es una experiencia que, aunque no sea vivencia, vale la pena. Gracias por visitar Libro Abierto. Para subscribirse a futuras publicaciones, escríbanos a libroabierto@vmramos.com.
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