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Categoría: ficción

Mareados sobre el Malcolm de Cortázar

La novela Los premios empieza con una promesa de trama, un viaje en el que un grupo de extraños abordará un crucero con destino incierto tras ganar un premio auspiciado por el gobierno. Podría pensar el lector en cualquier tipo de aventura que sucederá en ese trayecto, pero con cada página leída se va uno dando cuenta de que este barco no va para ninguna parte, aunque ya es muy tarde para regresar. No estamos hablando de cualquier escritor, sino de una de las lumbreras de la literatura latinoamericana (y de más allá) y cabe sospechar que no fue falta de dominio del oficio de escribir que llevó a Julio Cortázar a emprender un viaje sin destino en el que la falta de sucesos se convierte en el principal hecho, algo así como el motor de la no-acción. Los premios fue su primera novela publicada por allá en 1960. No lo niego. Maldije la hora en que me puse a leerla, porque esta novela era una trampa. Como señalé antes, era muy tarde, demasiado tarde, para dar marcha atrás cuando me di cuenta de que no pasaba nada y que el final no traería gran revelación. Esta era una excursión ficticia que se emprende en grupo donde después de escalar más de la mitad de una montaña, o en este caso navegar más de la mitad del viaje por un mar monótono, uno sabe que el regreso sería más tedioso (e incluso humillante) que proceder, aguantar y desembocar en mala…

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Dos mil diecisiete y la ficción

El Gran Hermano siempre está mirando y lo sabe todo. La verdad es un asunto relativo y manejado por ministerios de información que componen la historia a su manera. La clase marginada es casi vista como subhumana, mientras que la gran mayoría se encuentra sumida en el sueño profundo del entretenimiento masivo. La guerra es la paz. La libertad es esclavitud. La ignorancia es fuerza. Los hechos no son los hechos. Le he oído a varias personas con conocimiento general de la literatura comparar los tiempos en que vivimos con el mundo distópico de “Mil novecientos ochenta y cuatro”, la novela de George Orwell en cuya trama un sistema totalitario mantiene el control de la población por medio de la vigilancia masiva por medios tecnológicos y la represión de las dictaduras convencionales. Estas comparaciones me han puesto a pensar sobre las distopías y el papel que juegan en nuestra conciencia colectiva. Ese tipo de ficción no me ha atraído como lector, tal vez por la experiencia que he tenido con otros lectores, personas de pensamiento conspiratorio que he conocido por ahí y que me han citado este 1984 de Orwell, o su otra novelilla “Animal Farm”, o el “Brave New World” (“Un mundo feliz” de Aldous Huxley), o el “Farenheit 451” de Ray Bradbury, hablando de estos textos casi como si fueran presagio o evidencia de un mundo en el que nos controlan quienes manejan la información. He visto sus ojos abrirse, animados, y trazar paralelismos a los medios de…

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Café en un frío Manhattan

Aquí les comparto enlaces al artículo y video de una entrevista que me hizo Glenda Galán para su revista de multimedios, Dominicana en Miami. Tuve la suerte de conocer a Galán hace ya unos meses durante su visita a Nueva York, primero al verla leer a ella con mucha gracia de su propia ficción y poesía en una pequeña librería de Washington Heights, y luego cuando concertamos una reunión para tomar café en un mañana fría de Manhattan y hablar de estos destellos elusivos que buscamos en la claridad de la expresión. Entrevista al escritor y periodista Víctor Manuel Ramos #dominicanoenny #escritordominicano #literaturadominicana #morirsoñando #lavidapasajera Posted by Dominicana en MIAMI on Monday, March 20, 2017 Rara vez asisto a estos eventos, pero esta suerte de encuentro confirma que debería hacerlo más a menudo. Les recomiendo mirar otras páginas del sitio que sirve de base tanto para una edición impresa como para segmentos de radio y de televisión. Les invito particularmente a descubrir los textos y entrevistas de intelectuales, autores y otros artistas dominicanos, y latinoamericanos en general. Verán, como yo, que Galán, en su torbellino de periodismo cultural, ayuda a propagar otras voces de esta literatura híbrida en que se nos entrecruzan las raíces. Esperemos también ir oyendo algo más de la suya. Ah, casi olvidaba… Galán me preguntó si tenía algún escrito que pudiera ofrecerle para poder compartir en su página y, en honor a nuestra común conexión al estado de la Florida, busqué entre mis archivos, en algún lugar…

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Releyendo a Kafka

Uno de los primeros libros de ficción que me interesó para leer por gusto fue una obra de Franz Kafka, La (muy conocida) metamorfosis, y recuerdo esas primeras oraciones partir como un rayo mi campo de atención. No las voy a repetir — ya lo he hecho otras veces — pero al recordar esa escritura pienso que parte de su atractivo es capturar riqueza de significado en pocas palabras.

Hablo de ese placer estético que uno siente al leer oraciones bien puestas.

He leído y releído a este autor más de una vez. Me sucede con uno que otro (García Márquez, Rulfo, Shakespeare, Whitman, Dickinson, Neruda, y por lo menos varios más), que encuentro el libro por ahí, me pongo a mirar unas líneas y termino tirado en el sofá patas arriba, redescubriendo esa primera lectura.

Hace poco me pasó con Kafka.

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Basado en la vida real

En otros tiempos yo me reía de la ficción y prefería libros que me hablaran de asuntos reales, aficionado como era desde niño al oficio periodístico y su misión de verificar, informar y poner en contexto lo que sucede en nuestras sociedades. Ese fanatismo por los hechos hacía que leyera de mala manera las asignaciones escolares que me obligaban a seguir a personajes que nunca existieron, atrapados en conflictos que eran igual de imaginarios. A pesar de mis lamentos terminaba enfrascado en algún cuento o novela, como aquellas historias de vaqueros de Billy The Kid que leía para practicar inglés. Y ya lo he contado, a la hora de viajar fuera de mi país de origen, me descubrí empacando mi maleta con libros, muchos de ellos pura ficción. Años después me descubrí intentando yo mismo escribir relatos ficticios, sin explicarme del todo por qué. Para mí resultó ser esta una gran paradoja: a veces los hechos mienten y en ocasiones los relatos imaginarios nos acercan más a la verdad emocional de algo. Esto lo digo a pesar de ser periodista y de seguir venerando la importancia de los hechos. En otros rieles paralelos corre este asunto de la verdad que depende de una reorientación deliberada de los hechos. En la ficción, sabemos que se da un juego, que los personajes y las situaciones pueden partir de alguna realidad documentable, pero no dependen de ella. No obstante, son muchas las veces en las que al practicar este género he tenido que…

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