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Categoría: ficción

Huckleberry Finn

Si rompes el relato en pedazos encontrarás algo que no parece mucho: joven blanco huye de la tiranía de su padre borracho, se encuentra con esclavo negro que también huye, los dos escapan río abajo, conocen otros que huyen, y después de tanto huir resultan libres. ¿Qué hacer al tener la libertad? Encontrar otra razón para huir de nuevo. Gracias por visitar Libro Abierto. Para subscribirse a futuras publicaciones, escríbanos a libroabierto@vmramos.com.

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El porqué de la literatura

Escribir literatura es filosofar sin perder en la expresión el sentido de la belleza. ¿Quién podría decir que las grandes obras literarias no son un reflejo, si no una expresión y divulgación, de principios filosóficos? Las historias son, desde el principio, la manera en que el ser humano se ha explicado el universo y a sí mismo. Recordemos que “En el principio era el verbo…” Hay una tendencia posmoderna a creer que se puede escribir sin decir nada, con el solo objetivo de entretener. Pero, aun cuando es sin intención, hay mucho de filosofía en lo literario. El mismo intento de negar cualquier significado ulterior es un ejercicio retórico para una visión de la vida. Y lo más delicioso del ejercicio literario es la confluencia del arte con el pensamiento profundo, un casamiento extraordinario entre la imaginación, el razonamiento y la aprehensión emocional de las cosas. Algunos ejemplos. Franz Kafka nos dejaba una declaración existencial al narrar: “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”. Fiódor Dostoievski nos hablaba del castigo inherente en el crimen mismo en su “Crimen y Castigo,” como sugería en las situaciones de su novela y las palabras de su hostigado personaje: “-¿Compadecerme? ¿Por qué me han de compadecer? -bramó de pronto Marmeladof, levantándose, abriendo los brazos con un gesto de exaltación, como si sólo esperase este momento -. ¿Por qué me han de compadecer?, me preguntas. Tienes razón: no merezco que…

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La realidad virtual.

Uno de los mayores logros de la literatura es que nos pone en el pellejo de otros. Nos hace vivir de manera virtual –esta palabrita que hace años está de moda, aunque su aplicación existe desde los orígenes de la narrativa moderna– la experiencia común de otro ser humano: sea hombre, mujer, loco, idealista, héroe, villano, apasionado, ambicioso, sufrido, mártir, cobarde o redentor. Este es uno de los ángulos más interesantes de la narrativa, particularmente del cuento y de la novela que son primo-hermanos. Se puede descubrir a través de su experiencia aquello que tal vez nunca contemplamos, quedando nosotros, en el mejor de los casos, con una comprensión más elástica del mundo. Esta, me parece a mi, es una experiencia que, aunque no sea vivencia, vale la pena. Gracias por visitar Libro Abierto. Para subscribirse a futuras publicaciones, escríbanos a libroabierto@vmramos.com.

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Las lágrimas del arte.

Un personaje puede ser verdadero hasta las lágrimas. Puede arrancarnos de nuestra inercia y propulsarnos a la acción, o viceversa. Puede afectarnos de manera profunda. ¿A qué se debe esto? ¿Será que la prosa bien trazada nos lleva a un delirio? ¿Será que olvidamos que aquello es ficción? No lo olvidamos. Más bien sufrimos porque sabemos que, a pesar de los hechos, hay algo que va más allá del simple recuento de las cosas. Sabemos que la verdad trasciende nuestras pequeñas identidades, y que puede ser verbo y hacerse carne. Es un misterio al que acudimos cada vez que nos conmueve un cuento; cada vez que nos embriaga una novela; o cuando nos hace temblar la fuerza de un actor. ¿Y qué decir de una poesía? Acomodamos las formas para que sean receptáculo de algo que no tiene formas. Y esas lágrimas que provienen del arte pueden ser más puras que las que identificamos con nuestros apegos, intereses y temores. Gracias por visitar Libro Abierto. Para subscribirse a futuras publicaciones, escríbanos a libroabierto@vmramos.com.

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