Me preguntaba alguien el otro día por qué publiqué dos libros de ficción y después no he sacado nada más a la luz en estos años (aunque eso no es del todo cierto si los cuentos sueltos cuentan). Esta pregunta me hizo pensar en la agricultura. Hace un par de décadas, escondido en los recovecos que en Nueva York llamamos apartamentos, fantaseaba yo con algún día en que tuviera un pedazo de tierra sobre el cual poner los pies desnudos, qué se yo, la idea esa de tener una casa con un patio, aunque no fuera muy grande, para quitarme los zapatos y sentir la naturaleza como cuando niño. Imaginaba más, que podría llegar a ser uno de esos jardineros urbanos que siembran tomates, ajíes, limones, arándanos y berenjenas en su pedacito de tierra y los cultivan cualquier tarde antes de la cena, y regalan luego a sus amigos el vegetal primoroso y la fruta fresca. Se me olvidó ese asunto y me fui por unos años de la gran metrópolis y mudé mi pequeña familia a una casa rodeada de patio por todos lados. Había un bosque de pinos detrás, mucho cielo abierto y toda la luz posible. Mucho más de lo que yo esperaba. Entonces, tocaba empezar el trabajo en ese jardín, ¿cierto? Fuimos cualquier tarde veraniega (casi siempre es verano en la Florida) a la ferretería y obtuvimos algunos implementos — palas, guantes, barreras, carretilla, tierra negra, qué se yo — y árboles o semillas de plantar.…
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Aquí les comparto enlaces al artículo y video de una entrevista que me hizo Glenda Galán para su revista de multimedios, Dominicana en Miami. Tuve la suerte de conocer a Galán hace ya unos meses durante su visita a Nueva York, primero al verla leer a ella con mucha gracia de su propia ficción y poesía en una pequeña librería de Washington Heights, y luego cuando concertamos una reunión para tomar café en un mañana fría de Manhattan y hablar de estos destellos elusivos que buscamos en la claridad de la expresión. Entrevista al escritor y periodista Víctor Manuel Ramos #dominicanoenny #escritordominicano #literaturadominicana #morirsoñando #lavidapasajera Posted by Dominicana en MIAMI on Monday, March 20, 2017 Rara vez asisto a estos eventos, pero esta suerte de encuentro confirma que debería hacerlo más a menudo. Les recomiendo mirar otras páginas del sitio que sirve de base tanto para una edición impresa como para segmentos de radio y de televisión. Les invito particularmente a descubrir los textos y entrevistas de intelectuales, autores y otros artistas dominicanos, y latinoamericanos en general. Verán, como yo, que Galán, en su torbellino de periodismo cultural, ayuda a propagar otras voces de esta literatura híbrida en que se nos entrecruzan las raíces. Esperemos también ir oyendo algo más de la suya. Ah, casi olvidaba… Galán me preguntó si tenía algún escrito que pudiera ofrecerle para poder compartir en su página y, en honor a nuestra común conexión al estado de la Florida, busqué entre mis archivos, en algún lugar…
Dejar un comentarioCaminamos por esa arena de Daytona Beach que parece ceniza de volcán y llegamos hasta uno de sus pocos rincones desolados. Hemos viajado una hora para llegar hasta aquí y sentarnos sobre los restos corroídos de unos escalones. El Océano Atlántico es tan azul como siempre, tan aparentemente infinito, tan maravilloso como la primera vez que lo vi, desde otra orilla.
Saco esta bolsa de plástico que traigo y extraigo de ella un espécimen raro: es un ejemplar de una edición limitada de «La realidad y el deseo», el poemario del escritor Luis Cernuda. Mi esposa lo rescató hace varios años del basurero de una biblioteca y me lo regaló. Es solamente uno de veinticinco libros impresos en una primera edición de lujo de 1940.
5 comentariosSalí con mi esposa y niños a aprovechar el sol de la primavera floridana. Anduvimos por un refugio de aves de rapiña, donde se recoge a los buhos, águilas, pavos y otros animales similares que sufrieron algún trauma físico o enfermedad. Se les atiende. A algunos se les opera. Los cuidan, y a aquellos que se recuperan los colocan con aves que le sirven de parientes adoptivos antes de reintegrarlos a la naturaleza salvaje. Sobre los edificios de esta ciudad en que vivimos todavía vuelan águilas, cóndores, buitres y otras aves similares — que descienden de sorpresa y pescan en los muchos lagos del área. Hoy vimos esas aves muy de cerca, con sus plumajes brillosos, y conversamos con los cuidadores de aquel refugio. Los niños y yo disfrutamos del cosquilleo en las manos de un puñado de gusanos que constituyen el alimento de algunas de estas aves. Me impresionaron mucho un condor tuerto; un águila de cuello blanco que está loca por daños irreversibles al sistema nervioso; y un buho que cree que es humano — porque lo primero que vio al nacer fue a un ser humano y se le quedó esa impronta. (Creo que estaba enamorado de mi esposa). De alguna manera sentí que aquellos cuidadores — guardianes que sanan y protegen a estos animales emplumados, sin importarles que esos mismos animales estén dispuestos a darles algún picotazo a las mismas manos que los alimentan — desempeñan la misión instintiva que nos corresponde a todos los seres…
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