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Categoría: información

Internet para todos

Para aquellos de nosotros que vimos el nacimiento de la superautopista de información (¿se acuerdan de esa tonta frase?) podría parecer que la promesa del medio se ha diluido en nuevas y más perniciosas formas de entretenimiento que buscan nuestra atención para vender anuncios, productos y suscripciones y que a la vez recopilan datos sobre predilección y hábitos para ofrecernos al mejor postor. Como dicen, somos el producto. Esa no era la promesa del internet según se ofrecía en sus inicios. Se hablaba entonces de una especie de aldea global donde predominaba el intercambio de ideas, la colaboración en proyectos de interés mutuo y el surgimiento de comunidades y líderes que en base al diálogo y el activismo digital ayudarían a crear un mundo mejor. Qué utópico era todo eso: yo me acuerdo cuando entré por primera vez a una red de internet previa a la era de los navegadores gráficos donde el acceso se pagaba por hora (así que no íbamos allí a perder el tiempo) y en el que el acceso a listservs (listas de correo) y newsgroups (foros de “noticias”) llevaba a conversaciones y debates sobre temas de actualidad o asuntos de conocimiento especializado. Parecía entonces que el internet iba a ser un medio para intercambios académicos y de investigación. En esos mismos días del pre-internet de hoy asistí a una conferencia en Harlem donde académicos y expertos en las nuevas redes discutían las posibilidades que se cernían en ese mundo de pantallas y teclados, módems (esta…

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Saber lo que sucede en el mundo

Enterarse de las noticias en estos tiempos de fake news es un reto, incluso para los que laboramos en los medios informativos, pero el verdadero periodismo es todavía más necesario en una época en que la desinformación no es solamente una estrategia electoral sino también el pan de cada día. Quien no sabe lo que sucede se deba llevar como vaca al matadero, y lamentablemente los mataderos están repletos de víctimas voluntarias. ¿Que no le interesa la política, dice usted? Eso puede ser cierto, pero no significa que la política no esté interesada en usted. Las acciones de quienes alcanzan el poder no van a dejar de afectar a quienes las ignoran. Ahora, este asunto de las noticias falsas no es nada nuevo. Estamos hablando de propaganda, aunque se le designe con otro nombre y ahora existan medios más engañosos para propagarla. Los regímenes de todo tipo han hecho uso de la desinformación a través de los siglos para tergiversar, acusar, dividir, confundir y manipular. Los resultados han sido sociedades opresivas en las que el respeto a los derechos humanos no es prioridad. Nos concierne a todos, aunque sea por razones egoístas, saber lo que sucede en el mundo. No es fácil enterarse bien de lo que pasa. Hay que saber reconocer una verdadera noticia (y los elementos que la conforman) para que no nos den gato por liebre. Que algo aparezca en internet en una página cualquiera no le da validez. Hay que preguntarse: ¿cuál es la fuente de…

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La inutilidad del ser humano

Día llegará en que un lector no podrá distinguir si esta oración la escribió un ser humano o un robot. Vamos por ese camino en que la informática sustituye a la gente y logra simular lo que somos. No estoy exagerando. Ya he visto experimentos de periodismo elemental, por ejemplo, realizado por medio de algoritmos que saben recopilar y ordenar información para luego colocarla en oraciones que tienen los sujetos, verbos y predicados en los lugares donde podríamos esperar que estuvieran. Aunque los artículos publicados por medio de estos designios son todavía muy básicos — recuentos de eventos deportivos o resultados de las bolsas de valores — estos son los primeros pasos hacia la automatización de los medios. Me enfoco en esto porque es lo que me toca más cerca, pero no es la única actividad humana que los algoritmos y las máquinas que los ejecutan nos pueden quitar. Hay robots que se encargan del transporte y la manufactura en las grandes fabricas del mundo. Hay robots que pueden estudiar miles y miles de documentos y códigos de leyes para producir análisis legal y compendios de estrategias corporativas. Hay robots que pueden considerar un número de síntomas y diagnosticar una condición de salud, y otros que pueden tomar la receta médica y procesarla para generar el medicamento con sus recomendaciones de dosis. Hay robots que pueden jugar fútbol. Hay robots que pueden sonreir. Hay robots que pueden jugar el papel de psicoterapeutas. Hay robots que pueden manejar un vehículo, desde…

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El yo digital

En menos de dos minutos este sitio puede desaparecer. Puedo entrar al panel de control y escoger una opción para borrar de una vez lo que he escrito en años. Semanas después, se esfumaría mi rastro de los buscadores de internet. O así parecería. En esta era digital es tan fácil publicar como lo es borrar, aunque sea en apariencia. Es tan fácil redactar como lo es editar, sin dejar un claro registro de las alteraciones a un escrito. Esto tiene implicaciones. Una de ellas es que la palabra escrita deja de tener el mismo peso de antes. ¿O será de esta manera? Entremos en detalle. La mayoría de las plataformas de publicación incluyen un procesador de texto donde se escribe, se edita, se determina el formato, y de una vez se envía lo escrito. Todo ello más rápido y conveniente, y por tanto más revolucionario, que las imprentas de Gutenberg. Estas funcionalidades unen en un solo proceso algo que antes implicaba varios pasos para el redactor: pensar la idea, escribirla, editarla, enviarla, diagramarla, imprimirla, y, una vez impresa, aceptarla como un documento que podía descartarse o archivarse, que podía tacharse o subrayarse, pero no cambiarse con igual facilidad. El escritor actual puede entregarse a la tentación de publicar de manera instantánea y sólo después darse cuenta de que le falta o le sobra puntuación; de que las palabras son imprecisas o las oraciones son chuecas; o de que se publicó una barbaridad. El escrito se puede editar y moldear…

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Un futuro brillante para los libros

Era cuestión de tiempo que los libros dieran el salto a la era digital, y abrieran así una nueva era para la distribución de ideas, historias e información. Ese salto ya se dio, aunque no haya trascendido del todo a la cultura popular, con la creación de lectores electrónicos como el Kindle de Amazon, el Cybook de Bookeen, o el Reader Digital de Sony. Es una tecnología en pañales, pero prometedora que de seguro atraerá pronto a los amantes de la lectura y será para los libros, revistas y periódicos lo que fue el I-Pod para la diseminación de música popular. En términos generales, estos aparatos son del tamaño y peso de un libro en rústica, pero ofrecen la posibilidad de guardar cientos y miles de libros, que se adquieren de las tiendas de libros electrónicos sin necesidad de conectarse a computadoras ni a internet. Usan una tecnología similar a los teléfonos móviles. Y ofrecen unas pantallas que no son como los monitores de las computadoras típicas, sino que imitan la experiencia del papel: significando esto, por ejemplo, que no proyectan luz y deben leerse en un lugar iluminado como si fueran libros comunes y corrientes. No entraré en detalles técnicos que desconozco. Para eso están los tecnófilos del mundo. Pero para los que leemos y escribimos esta es una buena noticia. Permitirá que los lectores en serie llevemos toda una biblioteca en el espacio que antes ocupaba un libro y liberará al contenido de la forma para quienes buscan…

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