Para aquellos de nosotros que vimos el nacimiento de la superautopista de información (¿se acuerdan de esa tonta frase?) podría parecer que la promesa del medio se ha diluido en nuevas y más perniciosas formas de entretenimiento que buscan nuestra atención para vender anuncios, productos y suscripciones y que a la vez recopilan datos sobre predilección y hábitos para ofrecernos al mejor postor. Como dicen, somos el producto. Esa no era la promesa del internet según se ofrecía en sus inicios. Se hablaba entonces de una especie de aldea global donde predominaba el intercambio de ideas, la colaboración en proyectos de interés mutuo y el surgimiento de comunidades y líderes que en base al diálogo y el activismo digital ayudarían a crear un mundo mejor. Qué utópico era todo eso: yo me acuerdo cuando entré por primera vez a una red de internet previa a la era de los navegadores gráficos donde el acceso se pagaba por hora (así que no íbamos allí a perder el tiempo) y en el que el acceso a listservs (listas de correo) y newsgroups (foros de “noticias”) llevaba a conversaciones y debates sobre temas de actualidad o asuntos de conocimiento especializado. Parecía entonces que el internet iba a ser un medio para intercambios académicos y de investigación. En esos mismos días del pre-internet de hoy asistí a una conferencia en Harlem donde académicos y expertos en las nuevas redes discutían las posibilidades que se cernían en ese mundo de pantallas y teclados, módems (esta…
2 comentariosCategoría: informática
Día llegará en que un lector no podrá distinguir si esta oración la escribió un ser humano o un robot. Vamos por ese camino en que la informática sustituye a la gente y logra simular lo que somos. No estoy exagerando. Ya he visto experimentos de periodismo elemental, por ejemplo, realizado por medio de algoritmos que saben recopilar y ordenar información para luego colocarla en oraciones que tienen los sujetos, verbos y predicados en los lugares donde podríamos esperar que estuvieran. Aunque los artículos publicados por medio de estos designios son todavía muy básicos — recuentos de eventos deportivos o resultados de las bolsas de valores — estos son los primeros pasos hacia la automatización de los medios. Me enfoco en esto porque es lo que me toca más cerca, pero no es la única actividad humana que los algoritmos y las máquinas que los ejecutan nos pueden quitar. Hay robots que se encargan del transporte y la manufactura en las grandes fabricas del mundo. Hay robots que pueden estudiar miles y miles de documentos y códigos de leyes para producir análisis legal y compendios de estrategias corporativas. Hay robots que pueden considerar un número de síntomas y diagnosticar una condición de salud, y otros que pueden tomar la receta médica y procesarla para generar el medicamento con sus recomendaciones de dosis. Hay robots que pueden jugar fútbol. Hay robots que pueden sonreir. Hay robots que pueden jugar el papel de psicoterapeutas. Hay robots que pueden manejar un vehículo, desde…
13 comentariosEn menos de dos minutos este sitio puede desaparecer. Puedo entrar al panel de control y escoger una opción para borrar de una vez lo que he escrito en años. Semanas después, se esfumaría mi rastro de los buscadores de internet. O así parecería. En esta era digital es tan fácil publicar como lo es borrar, aunque sea en apariencia. Es tan fácil redactar como lo es editar, sin dejar un claro registro de las alteraciones a un escrito. Esto tiene implicaciones. Una de ellas es que la palabra escrita deja de tener el mismo peso de antes. ¿O será de esta manera? Entremos en detalle. La mayoría de las plataformas de publicación incluyen un procesador de texto donde se escribe, se edita, se determina el formato, y de una vez se envía lo escrito. Todo ello más rápido y conveniente, y por tanto más revolucionario, que las imprentas de Gutenberg. Estas funcionalidades unen en un solo proceso algo que antes implicaba varios pasos para el redactor: pensar la idea, escribirla, editarla, enviarla, diagramarla, imprimirla, y, una vez impresa, aceptarla como un documento que podía descartarse o archivarse, que podía tacharse o subrayarse, pero no cambiarse con igual facilidad. El escritor actual puede entregarse a la tentación de publicar de manera instantánea y sólo después darse cuenta de que le falta o le sobra puntuación; de que las palabras son imprecisas o las oraciones son chuecas; o de que se publicó una barbaridad. El escrito se puede editar y moldear…
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