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Categoría: Lecturas

El descenso de Pip hacia sí mismo

La influencia de Charles Dickens en la cultura literaria inglesa es tal que se pueden conocer sus tramas y personajes sin abrir las páginas de un libro. Muchas producciones armadas en base a sus obras han llegado al cine, al teatro y a los dibujos animados. ¿Quién no conoce al tacaño de Ebenezer Scrooge y sus fantasmas? ¿O al niño huérfano Oliver Twist? ¿O a su reencarnación en Pip?

Es común oír en medios en inglés algunas frases dickensianas, como aquella frase convertida en cliché para situaciones ambiguas, tomada de su novela “A Tale of Two Cities” (“Historia de dos ciudades”): “Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos; la edad de la sabiduría y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.”

Yo conocía el argumento y algunos personajes de “Great Expectations” (que he visto traducido como “Grandes esperanzas” y “Grandes expectativas”), su penúltima novela terminada, antes de adentrarme en sus páginas.

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Rilke sobre los rieles

Sentarse en el tren con demasiados pensamientos en la cabeza y ceder, palabra por palabra, a las imágenes tan simples que parecen ciertas de una poesía. Allá a lo lejos espera la muerte al final de un túnel. O eso dicen.

El que escribe propone dedicar su vida al deseo y a protestar el dolor, y el que lee se da cuenta de que de ninguna otra cosa trata todo lo que se ha escrito hasta entonces. Ni lo que se escribirá. Está enganchado.

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Mareados sobre el Malcolm de Cortázar

La novela Los premios empieza con una promesa de trama, un viaje en el que un grupo de extraños abordará un crucero con destino incierto tras ganar un premio auspiciado por el gobierno. Podría pensar el lector en cualquier tipo de aventura que sucederá en ese trayecto, pero con cada página leída se va uno dando cuenta de que este barco no va para ninguna parte, aunque ya es muy tarde para regresar.

No estamos hablando de cualquier escritor, sino de una de las lumbreras de la literatura latinoamericana (y de más allá) y cabe sospechar que no fue falta de dominio del oficio de escribir que llevó a Julio Cortázar a emprender un viaje sin destino en el que la falta de sucesos se convierte en el principal hecho, algo así como el motor de la no-acción. Los premios fue su primera novela publicada por allá en 1960.

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Argénida Romero, echando raíz en poesía

Leer es recrear lo escrito, sobre todo cuando se trata del lenguaje íntimo y muchas veces oscuro de la poesía. Por eso cuando uno lee y atribuye significados vale preguntarse si leyó lo que quiso decir la voz interna detrás de esas oraciones, o si leyó lo que uno quiso leer. Esto aún más cuando uno conoce a la persona que los escribió y esa lectura está marcada por la amistad.

Hace años que trato con Argénida Romero, aunque no creo que hayamos pisado el mismo pedazo de tierra a la vez. De alguna manera nos encontramos por esos senderos comunes de las letras y los medios y nos hicimos amigos, como se puede ser amigos a través de largas distancias.

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