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Categoría: libertad

Robarse el fuego

Estos días tengo que huir de todas mis obligaciones y del escritorio que una vez compré y armé con la esperanza de que sería el lugar de mis imaginaciones. Hay muchos asuntos de trabajo allí; mucha correspondencia abierta y sin abrir; muchos cables de computadora, impresora, monitor, bocinas, y el polvo que se acumuló entre ellos y sobre los libros que no leí en más de dos años de trabajo remoto por la pandemia.

Los asuntos prácticos se interponen: primero, hay que ser responsable y pagar las cuentas, desempolvar las superficies, organizar los libros, contestar las llamadas a mi mamá (siempre hay una emergencia que en realidad no es nada), y luego estoy cansado y necesito una siesta, y cuando despierto la casa está llena de gente, oigo los debates en la televisión y mejor me voy a cortar el pasto, que ya eso empieza a parecer un terreno baldío para criar becerros.

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Morir por palabras

Avijit Roy regresaba en un bicitaxi con su esposa después de asistir a una feria del libro en Daca, Bangladés, cuando dos sujetos los detuvieron, arrastrándolos sobre el pavimento para caerles a machetazos. En una de las imágenes que dio la vuelta al mundo por los medios de prensa se veía a un niño, apenas un adolescente de brazos largos, barriendo con una escoba de mano la mezcla de agua y sangre que quedó en la acera donde sucedió el crimen. El pecado de Roy, un humanista secular de ciudadanía estadounidense y raíces bangladesíes, fue sentarse ante un teclado y escribir, tanto para las páginas de sus libros como para su blog. Expresar su pensamiento. Hacerlo en el seno de una sociedad con elementos radicalizados por las interpretaciones más férreas del fanatismo religioso. Su error fue ignorar las amenazas que recibió por medios sociales. Roy, quien falleció camino al hospital, tenía 42 años. Su esposa, también descrita como una bloguera, quedó gravemente herida y perdió un dedo en el ataque. Eso sucedió en febrero de 2015. El siguiente mes otro bloguero de convicción atea, de nombre Washiqur Rahman, fue atacado con largos cuchillos en esa misma ciudad y se desangró hasta morir. Sus conocidos lo describieron como un hombre muy humilde que escribía con una buena carga de sarcasmo. Tenía 27 años. En mayo de ese mismo año Ananta Bijoy iba camino a su trabajo en un banco en la ciudad de Sylhet al noreste de Bangladés cuando cuatro hombres…

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Religión más allá de la fe

Hace más de tres años que empecé una exploración sobre lo que denominé “el deseo de pertenecer” — la búsqueda que lleva a muchas personas a afiliarse con instituciones religiosas y lo que ofrecen esas instituciones en sus principios y vida comunitaria. Me propuse ir a iglesias de distintas denominaciones como una combinación de ejercicio periodístico y experiencia personal que decidí compartir –en parte– en estas páginas. Afirmé desde un principio que me acercaba a esta actividad con mente escéptica, casi con ánimo antropológico, y no en busca de mi propia salvación. Nunca imaginé que en ese proceso encontraría un hogar espiritual. La razón: Detesto los dogmas. No tengo ningún interés en repetir afirmaciones de fe ciega ni en investir alguna persona o doctrina de autoridad sobre mi visión de la realidad. Sin embargo, en cada iglesia a la que fui (unas sobre las que escribí y otras que se quedaron muchas veces en el tintero) encontré pastores y predicadores dispuestos a convencerme de que ellos tenían la verdad. Unos, muy sutiles, decían no presionarme y querían conversar sobre mis inquietudes, pero cuando creían que me tenían ablandado hacían su oferta de un viaje directo al cielo. Otros, menos sutiles, vinieron a tocarme la puerta de la casa por meses, y sábado tras sábado les expuse la falta de lógica en el fundamento de su fe, sin lograr que entráramos en diálogo alguno: tenían una cita bíblica para todo, incluso para salir de aprietos y cambiar de tema. Me enorgullece…

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Huckleberry Finn

Si rompes el relato en pedazos encontrarás algo que no parece mucho: joven blanco huye de la tiranía de su padre borracho, se encuentra con esclavo negro que también huye, los dos escapan río abajo, conocen otros que huyen, y después de tanto huir resultan libres. ¿Qué hacer al tener la libertad? Encontrar otra razón para huir de nuevo. Gracias por visitar Libro Abierto. Para subscribirse a futuras publicaciones, escríbanos a libroabierto@vmramos.com.

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