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Categoría: libros electrónicos

Juan Dicent escribe de “un frío más largo que el invierno”

Juan Dicent, alias Dino Bonao, en la Corte del Bronx. Foto cortesía del autor. Loco, déjame contarte una vaina. Este blog que se llama “blogworkorange”, título obviamente derivado de la novela, me llamó la atención hace unos años, por dos razones. Estaba bien escrito. Tal vez no en el sentido de la Real Academia, you know, pero sí de la real lengua que se habla en muchas partes del Bronx. Además, el autor parecía estar hablando solo, no como un esquizo sino en el sentido de que no le importaba si tú le parabas bola o no, algo poco característico en estos medios. Seguía escribiendo estos relatos que parecían mezclas de ficción y cotidianidad. Me dije: Este tiguere hay que leerlo. El año antepasado publicó su libro de relatos Winterness y, como ya me lo había propuesto, bajé la versión digital en cuanto supe que estaba disponible. Me cayó bien tener el libro porque pasé varias horas del vórtice polar de estas semanas leyéndolo y riéndome con él de sus personajes, mayormente dominicanos, like you and me, my friend, viviendo en esta jodía nevera que llamamos Nueva York. No es que los relatos de Juan Dicent — que también usa el seudónimo Dino Bonao — sean simples chistes ni mucho menos. Lo que pasa es que a veces uno reconoce estos personajes tragicómicos, como el tío que jamás en su vida se ha puesto jeans, o las tías que se pasan llamándose de un estado a otro para ver qué está…

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Libros electrónicos: una apertura para nueva literatura a descuento

A mí desde un principio me pareció que el diseño de lectores de textos para la pantalla era un paso importante para la diseminación de las letras. La posibilidad de liberar el texto de la forma tradicional del libro me ha parecido una multiplicación del efecto Gutenberg, porque abre nuevos canales de distribución y facilita la publicación de todo tipo de libros. El elemento que faltaba era el puente que llevara a los lectores esos textos, que inicialmente flotaban huérfanos por las nuevas redes de Internet. En los últimos dos o tres años se ha acelerado el proceso de construir una estructura más sólida, tanto para que el autor ponga sus libros al alcance como para que los lectores descubran por búsqueda o afinidad esos textos que les pudieran interesar. Ha llegado el momento del libro electrónico. Como en todo salto hacia adelante, este fenómeno no es algo que dependiera de un factor aislado, sino de varios avances tecnológicos que coinciden y hasta compiten. El proceso de desarrollo de los lectores de libros electrónicos había sido lento en comparación a otras plataformas, como las que se han creado para distribución de música y video en la red. Algunos expresaban dudas de que el simple texto de los anticuados libros pudiera competir en un mundo mayormente audiovisual. Pero hace años que el fenómeno Amazon ha demostrado que hay espacio para los libros en la red. Fue precisamente esa compañía –entre las pioneras de venta de mercancías en Internet– que formuló el…

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Fe de erratas

Era yo de los lectores que, lápiz en mano, tomaba un libro y marcaba sus errores. Rayaba las faltas que encontraba con entusiasmo, así se tratara de asuntos pequeños como un signo de puntuación o más notables como un caso de ortografía atroz o el uso de alguna oración de pensamiento perezoso. No lo hacía por malicia, sino por un celo exagerado hacia la buena escritura. Pensaba yo que un escrito publicado, sobre todo de poesía o ficción, debía ser la culminación de ideas, imágenes y expresiones depuradas hasta su esencia, como una escultura o pintura bien trabajadas. No toleraba muy bien los libros chapuceros. Era en ese sentido como el viejo corrector de pruebas, de un cuento cuyo título y autor ahora no recuerdo, que se regocijaba al retocar alguna oración, poniendo el signo de puntuación que faltaba en la obra de un escritor talentoso a quien le tocaba leer como profesional. Sabría al ver el libro publicado que esa era su coma, o su punto, o su acento, en una novela que en otros sentidos era perfecta. Pero en los hechos el proceso de publicación está plagado de oportunidades para que se hagan cambios y alteraciones a la ligera mientras una obra pasa de mano en mano. Esos cambios tanto pueden mejorar la obra como dañarla, sin que sepa el lector. Hay casas editoriales, agentes, correctores y editores de mucha sensibilidad y cuidado, por supuesto, pero hay otros en la industria del libro que usan correctores automáticos para…

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Un futuro brillante para los libros

Era cuestión de tiempo que los libros dieran el salto a la era digital, y abrieran así una nueva era para la distribución de ideas, historias e información. Ese salto ya se dio, aunque no haya trascendido del todo a la cultura popular, con la creación de lectores electrónicos como el Kindle de Amazon, el Cybook de Bookeen, o el Reader Digital de Sony. Es una tecnología en pañales, pero prometedora que de seguro atraerá pronto a los amantes de la lectura y será para los libros, revistas y periódicos lo que fue el I-Pod para la diseminación de música popular. En términos generales, estos aparatos son del tamaño y peso de un libro en rústica, pero ofrecen la posibilidad de guardar cientos y miles de libros, que se adquieren de las tiendas de libros electrónicos sin necesidad de conectarse a computadoras ni a internet. Usan una tecnología similar a los teléfonos móviles. Y ofrecen unas pantallas que no son como los monitores de las computadoras típicas, sino que imitan la experiencia del papel: significando esto, por ejemplo, que no proyectan luz y deben leerse en un lugar iluminado como si fueran libros comunes y corrientes. No entraré en detalles técnicos que desconozco. Para eso están los tecnófilos del mundo. Pero para los que leemos y escribimos esta es una buena noticia. Permitirá que los lectores en serie llevemos toda una biblioteca en el espacio que antes ocupaba un libro y liberará al contenido de la forma para quienes buscan…

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