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Categoría: medios

Saber lo que sucede en el mundo

Enterarse de las noticias en estos tiempos de fake news es un reto, incluso para los que laboramos en los medios informativos, pero el verdadero periodismo es todavía más necesario en una época en que la desinformación no es solamente una estrategia electoral sino también el pan de cada día. Quien no sabe lo que sucede se deba llevar como vaca al matadero, y lamentablemente los mataderos están repletos de víctimas voluntarias. ¿Que no le interesa la política, dice usted? Eso puede ser cierto, pero no significa que la política no esté interesada en usted. Las acciones de quienes alcanzan el poder no van a dejar de afectar a quienes las ignoran. Ahora, este asunto de las noticias falsas no es nada nuevo. Estamos hablando de propaganda, aunque se le designe con otro nombre y ahora existan medios más engañosos para propagarla. Los regímenes de todo tipo han hecho uso de la desinformación a través de los siglos para tergiversar, acusar, dividir, confundir y manipular. Los resultados han sido sociedades opresivas en las que el respeto a los derechos humanos no es prioridad. Nos concierne a todos, aunque sea por razones egoístas, saber lo que sucede en el mundo. No es fácil enterarse bien de lo que pasa. Hay que saber reconocer una verdadera noticia (y los elementos que la conforman) para que no nos den gato por liebre. Que algo aparezca en internet en una página cualquiera no le da validez. Hay que preguntarse: ¿cuál es la fuente de…

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En tiempo real

Cada vez se hace más fácil opinar sobre miles de cosas, decir de manera contundente lo que creemos y reaccionar a los sucesos y eventos “en tiempo real” para que todos los fulanos y sutanos que conocemos sepan dónde estamos parados. Desde el punto de vista de la libertad de expresión esta masificación del individuo representa un triunfo contra la mordaza, pero esto me recuerda una imagen del buen sentido: el agua dentro de los cauces de un río, o saliendo del grifo de la casa como agua potable, es buena, pero inundando una casa o arrastrándonos contra la corriente se convierte en algo dañino, en una amenaza. Esto puede suceder también con las palabras, y los pensamientos que éstas encierran: nos pueden inundar, se pueden meter en todas partes y nos pueden arrastrar en una corriente de cultura irreflexiva que nos roba el oxígeno. Cada vez sucede con más frecuencia. Algún incidente se propaga por los medios sociales y a la vez arrastra consigo una ola de opiniones que en muchos casos representan posturas empaquetadas de acuerdo a los dogmas de la izquierda, del centro o de la derecha y que en tantos otros no son más que el vómito de pensamiento enlatado, a veces incoherente. De manera que quedamos expuestos, y sin aviso, a mentes cuyas elucubraciones no se editan y nos llegan en toda su crudeza. Cada cual parece ponerse en pie de guerra y decir: o estás conmigo, o contra mí. Dios o el diablo. Este…

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Morir por palabras

Avijit Roy regresaba en un bicitaxi con su esposa después de asistir a una feria del libro en Daca, Bangladés, cuando dos sujetos los detuvieron, arrastrándolos sobre el pavimento para caerles a machetazos. En una de las imágenes que dio la vuelta al mundo por los medios de prensa se veía a un niño, apenas un adolescente de brazos largos, barriendo con una escoba de mano la mezcla de agua y sangre que quedó en la acera donde sucedió el crimen. El pecado de Roy, un humanista secular de ciudadanía estadounidense y raíces bangladesíes, fue sentarse ante un teclado y escribir, tanto para las páginas de sus libros como para su blog. Expresar su pensamiento. Hacerlo en el seno de una sociedad con elementos radicalizados por las interpretaciones más férreas del fanatismo religioso. Su error fue ignorar las amenazas que recibió por medios sociales. Roy, quien falleció camino al hospital, tenía 42 años. Su esposa, también descrita como una bloguera, quedó gravemente herida y perdió un dedo en el ataque. Eso sucedió en febrero de 2015. El siguiente mes otro bloguero de convicción atea, de nombre Washiqur Rahman, fue atacado con largos cuchillos en esa misma ciudad y se desangró hasta morir. Sus conocidos lo describieron como un hombre muy humilde que escribía con una buena carga de sarcasmo. Tenía 27 años. En mayo de ese mismo año Ananta Bijoy iba camino a su trabajo en un banco en la ciudad de Sylhet al noreste de Bangladés cuando cuatro hombres…

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Los blogs pasados de moda

Sucedió más o menos a inicios del año 2009. Las hordas que llenaban de letras, oraciones y párrafos las redes se fueron esfumando hasta que el silencio fue tan ensordecedor que hicieron que se cumpliera aquella declaración tecno-apocalíptica del periodista y escritor Hernán Casciari cuando afirmaba que moriría “la noción de que un blog es un género” significando ello que ser “bloguero” dejaría de ser algo que estaría de moda. Los que tal vez por apego, confusión, rezago o testarudez (o una combinación de todos esos factores) seguíamos en estos espacios donde se puede compartir mucho más que los 140 caracteres de Twitter y las actualizaciones de estado de Facebook y Google Plus (o las instantáneas de Instagram y los textos fantasmas de Snapchat y otras diversiones por el estilo) pudimos ver cómo se acababa aquella tendencia de publicar un blog simplemente porque sí, porque se podía: de “blogueros” que todos los días publicaban algo, cualquier cosa, y luego se iban a comentar sin leer las notas de los demás solamente porque buscaban “visitantes”. Aquí nos quedamos, cada vez con menor número pero tal vez con mayor fidelidad de unos cuantos, los que desde el principio veíamos la promesa de publicación de contenido propio y buscábamos un verdadero intercambio de ideas, cuestiones y voces en las notas (siempre digo “notas” porque nunca he querido aceptar ese anglicismo horripilante de “entradas” que nos impuso el medio) de nuestros blogs (a contraposición de lo anterior, nunca me gustó la traducción a bitácoras,…

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«La vida pasajera» en los medios

Hace poco me invitaron a una entrevista en televisión en el segmento Contraportada de NY1 Noticias, una estación de cable en la ciudad de Nueva York, para hablar sobre mi novela «La vida pasajera». Asistí, aunque prefiero escribir a dar entrevistas e incluso entrevistar a ser el entrevistado. Se da una dinámica impredecible en cada entrevista, y creo que especialmente aquellas que se dan ante el ojo implacable de las cámaras, en la que uno dice lo que nunca pensó decir. Por suerte, este segmento es corto y no permitió muchas metidas de pata. Aquí les comparto un enlace a la entrevista, con especial agradecimiento a José Manuel Simián por realizarla, a NY1 Noticias por ponerla en el aire y a la productora de televisión Themys Brito por conectarnos. La comparto más para recomendar el segmento, que trae estas breves incursiones en temas de artes y letras a los subscriptores de televisión por cable de Nueva York. Me parece que Contraportada es un aporte excelente por parte de Simián en un medio que la más de las veces se enfoca en aspectos más comerciales del entretenimiento. De paso aprovecho para mencionar que hace poco se publicó, también en Nueva York, en la revista Pie Derecho que edita el periodista Norberto Bogard, una nota sobre la publicación de la novela. También AOL Noticias y varios medios noticiosos afiliados en Internet se hicieron eco de la presentación de la novela en el mes de abril, gracias a una nota por el periodista…

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