Al acercarme a Beatriz, el libro más reciente del narrador dominicano Rubén Sánchez Féliz, yo sospechaba que me adentraba en una novela romántica, al estilo de la María de Jorge Isaacs con su obsesión amorosa y descripciones idílicas. Bastó con leer las primeras páginas para saber que me equivocaba si me dejaba guiar únicamente por su título. Sánchez Féliz nos lanza en medio de una escena confusa en la que tres hombres huyen — de quiénes o de qué no se sabe todavía — e irrumpen en una casa buscando refugio hasta que pase “el peligro”. El niño que nos cuenta los sucesos solamente llega a adelantarnos “que en mi casa han colocado una bomba de tiempo”. Hay que seguir leyendo para conocer en su voz las calles acaloradas de su barrio y recibir poco a poco los detalles necesarios para armar el resto de la historia. El relato se centra en gente humilde que malvive bajo el supuesto orden de un gobierno dominicano que no admite retos. Nos vamos enterando, entre lo que dicen o callan los personajes, que jugar a la política en ese ambiente es entrar en un callejón sin salidas y que, como dice el papá del narrador, en esas circunstancias “la vida de un hombre no vale una mota”. La Beatriz que da nombre al libro, aunque apenas participa de la historia, está al centro de la resistencia política y casi llega a representar a otras mujeres que no vemos ni oímos porque ocupan esos…
10 comentariosCategoría: novela
Al ver hace unos días la película “Hugo” de Martin Scorsese me quedé pensando sobre el papel que juega el creador, o sea el director de cine, o sea el escritor, o sea el poeta, o sea el pintor, o sea el escultor, o sea aquel que imagina historias, personajes y escenas y las plasma en algún medio con la esperanza de que otros las descubran. Crear no es necesariamente expresar algo nuevo, sino en gran manera revestir de nuevas formas lo que siempre estuvo ahí. Es en muchos casos renovar alguna visión básica sobre lo que es el ser humano. Esta película –cuyas representaciones de la ciudad de París de la primera mitad del siglo pasado son arrebatadoras en la versión de 3D– logra expresar en la persistencia de un huérfano algo muy sencillo, a la vez que guiña un ojo al que se interese en el arte de la creación. Habla del papel de los creadores como atrevidos predigistadores, visionarios que de alguna manera intuyen que el arte no es solamente entretenimiento. La película, basada en la novela gráfica «La invención de Hugo Cabret» de Brian Selznick, también nos dice que todos estamos aquí para alguna razón — aunque esta sea hija de la misma imaginación que enriquece nuestras vidas. Gracias por visitar Libro Abierto. Para subscribirse a futuras publicaciones, escríbanos a libroabierto@vmramos.com.
5 comentariosEra yo de los lectores que, lápiz en mano, tomaba un libro y marcaba sus errores. Rayaba las faltas que encontraba con entusiasmo, así se tratara de asuntos pequeños como un signo de puntuación o más notables como un caso de ortografía atroz o el uso de alguna oración de pensamiento perezoso. No lo hacía por malicia, sino por un celo exagerado hacia la buena escritura. Pensaba yo que un escrito publicado, sobre todo de poesía o ficción, debía ser la culminación de ideas, imágenes y expresiones depuradas hasta su esencia, como una escultura o pintura bien trabajadas. No toleraba muy bien los libros chapuceros. Era en ese sentido como el viejo corrector de pruebas, de un cuento cuyo título y autor ahora no recuerdo, que se regocijaba al retocar alguna oración, poniendo el signo de puntuación que faltaba en la obra de un escritor talentoso a quien le tocaba leer como profesional. Sabría al ver el libro publicado que esa era su coma, o su punto, o su acento, en una novela que en otros sentidos era perfecta. Pero en los hechos el proceso de publicación está plagado de oportunidades para que se hagan cambios y alteraciones a la ligera mientras una obra pasa de mano en mano. Esos cambios tanto pueden mejorar la obra como dañarla, sin que sepa el lector. Hay casas editoriales, agentes, correctores y editores de mucha sensibilidad y cuidado, por supuesto, pero hay otros en la industria del libro que usan correctores automáticos para…
10 comentariosHace poco me invitaron a una entrevista en televisión en el segmento Contraportada de NY1 Noticias, una estación de cable en la ciudad de Nueva York, para hablar sobre mi novela «La vida pasajera». Asistí, aunque prefiero escribir a dar entrevistas e incluso entrevistar a ser el entrevistado. Se da una dinámica impredecible en cada entrevista, y creo que especialmente aquellas que se dan ante el ojo implacable de las cámaras, en la que uno dice lo que nunca pensó decir. Por suerte, este segmento es corto y no permitió muchas metidas de pata. Aquí les comparto un enlace a la entrevista, con especial agradecimiento a José Manuel Simián por realizarla, a NY1 Noticias por ponerla en el aire y a la productora de televisión Themys Brito por conectarnos. La comparto más para recomendar el segmento, que trae estas breves incursiones en temas de artes y letras a los subscriptores de televisión por cable de Nueva York. Me parece que Contraportada es un aporte excelente por parte de Simián en un medio que la más de las veces se enfoca en aspectos más comerciales del entretenimiento. De paso aprovecho para mencionar que hace poco se publicó, también en Nueva York, en la revista Pie Derecho que edita el periodista Norberto Bogard, una nota sobre la publicación de la novela. También AOL Noticias y varios medios noticiosos afiliados en Internet se hicieron eco de la presentación de la novela en el mes de abril, gracias a una nota por el periodista…
3 comentariosNo había leído ni una sola página escrita por Nery Russo, pero cuando me invitaron a conocer a una novelista venezolana de visita en la ciudad donde vivo aproveché la oportunidad y asistí a una tertulia informal con otras periodistas. La señora Russo venía bien recomendada como una periodista y novelista de mucha trayectoria en ese país sudamericano.
Antes de la reunión busqué referencias sobre Russo y, aunque no encontré sus libros en circulación, pude verificar que publicó al menos cuatro obras: «La mujer del caudillo» en 1952; «Zory» en 1956; «Los cierzos del silencio» en 1964 y «Con los pasos del perro» en 1992. Se le describe en algunas monografías que encontré como una de varias mujeres novelistas que surgieron a pesar de la aridez artística que se dio en Venezuela durante la dictadura del “Perezjimenizmo” – régimen que sucediera al derrocamiento del Presidente Rómulo Gallegos, el novelista más conocido de ese país por su clásico latinoamericano «Doña Bárbara».
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