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Categoría: reseña

El juego literario de Ruiz Zafón.

Lo más interesante de Carlos Ruiz Zafón es su habilidad para hilvanar historias. Este escritor español, que sin dudas es la sensación de los últimos años, sabe cómo tramar. He leído su último libro, «El juego del ángel», que resultó hacer juego con «La sombra del viento», el libro anterior que lanzó a Ruiz Zafón al estrellato. Ese también lo leí, sin entender del todo, entonces, por qué me atraía, pero en esta segunda oportunidad lo tengo algo aprendido. Atravesé las más de seiscientas páginas de «El juego del ángel» a pesar de que a mí mismo la historia me parecía grandemente inverosimil y, francamente, algo ombliguista. Así la resume la cubierta del libro: En la turbulenta Barcelona de los años 20, un joven escritor obsesionado con un amor imposible recibe la oferta de un misterioso editor para escribir un libro como no ha existido nunca, a cambio de una fortuna y, tal vez, mucho más. Lo que he descubierto, lo que me ha enseñado Ruiz Zafón, es que no importa que la historia sea creíble, e incluso que los personajes parezcan extensiones del narrador, siempre y cuando el escritor mismo se convenza de que la historia y los personajes representan una realidad. Y es obvio que Ruiz Zafón lo logra de manera magistral. Narra apasionadamente, a pesar de la extensión del texto, lo que se siente como una película de misterios que, a pesar de todo lo que uno pueda suponer, termina sorprendiendo. Me guste o no este género,…

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No todas las gordas son iguales.

Uno ve una gorda del colombiano Fernando Botero y reconoce en ella una apreciación voluptuosa y erótica que trasciende a las primeras impresiones. Él las humaniza más allá de la distorsión física y los pliegos de celulitis — y humanizándolas a ellas humaniza al espectador que se ve forzado a examinar sus impresiones. Yo esperaba una experiencia similar cuando empecé a leer “El susurro de la mujer ballena”, una novela del peruano Alonso Cueto que debió delatarse por su título. Pero esta trama, que involucra la reaparición de una amiga obesa en la vida de una mujer esbelta y de carrera exitosa, trae una apreciación de la mujer gorda que no difiere a la predominante antes de que apareciera el nuevo esquema de Botero. Cueto nos presenta a la mujer gorda en toda su aberración: fea, pesada, resentida, antisocial y amenazante. El lenguaje desapegado que me pareció genial en “La hora azul”, su otra novela sobre las reverberaciones de una época oscura en el Perú, parece un examen quirúrgico, despiadado y doloroso en esta narración. Tal vez es culpa de Botero, pero yo esperaba un viaje distinto a la interioridad de la gordura, ese testimonio aparente de los excesos de nuestra época. (Fotografía es cortesía de El Tecnorrante) Gracias por visitar Libro Abierto. Para subscribirse a futuras publicaciones, escríbanos a libroabierto@vmramos.com.

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El temor a los ángeles.

“Ángel de mi guarda, mi dulce compañíano me desampares ni de noche ni de día”. Oración católica. Hay libros a los que uno se acerca con sus dudas, como si mordieran. Yo le temí a «Dulce compañía», una novela de la autora Laura Restrepo. Y le temí por dos razones que tal vez parezcan descabelladas a los lectores más expertos. Primero, porque leí «Delirio», otro libro de la misma autora colombiana que me causó un dolor de cabeza por sus dificultades narrativas. Detesto esos libros que son difíciles a propósito. La segunda razón, y esta es la más risible, fue que tuve la impresión de que este otro libro sería lo contrario: demasiado fácil. No me gustan los extremos en estos sentidos. Los escritos muy difíciles me parecen arrogantes, aunque muchas veces me ha sorprendido Jorge Luis Borges al demostrarme que la dificultad que yo esperaba en alguno de sus cuentos era imaginaria, como su narración. Los escritos muy fáciles me parecen perezosos: ese tipo de páginas que se disuelven en el aire una vez leídas y no dicen absolutamente nada que se quede con nosotros. Me gustan los libros medios, pero no mediocres, que me reten sin ser aburridos. Que se dejen leer, pero que me obliguen a confrontar los temas que proponen. Así me acerqué a «Dulce compañía», marcado por las dudas. Y, hasta cierto punto, tenía razón: El libro es fácil, pero no simple. Me adentré en su trama con ganas de criticarlo y terminé disfrutándolo. Para…

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La Calcuta de «Nacidos en los burdeles», demasiado perversa para ignorarse.

El momento mágico llega durante una excursión a la playa en la que los niños descubren el placer de la arena, el viento salado y las olas por vez primera. Avijit, uno de ellos, toma un cubo y lo llena del líquido salino, que derrama con una mano mientras toma una fotografía con el caño en perspectiva y la playa en trasfondo. Es parte de una película que ganó el honor de mejor documental en los premios Oscar y que encontré por casualidad, como siempre. Me interesé en ella porque leía, a sugerencia de un amigo, la novela «La canción de Kali» («Song of Kali») de Dan Simmons, que se desarrolla en Calcuta, ciudad que el narrador describe como uno de esos lugares que “son demasiado perversos para que se tolere su existencia”. «Born into Brothels» (o «Nacidos en los burdeles»), como se llama el documental, es también otro testamento de esa Calcuta que necesitaba de la Madre Teresa, esa “miasma” de ciudad en la que se enredan los personajes de Simmons. La película se enfoca en el distrito de las luces rojas donde abunda la prostitución y la más fétida de las pobrezas. Entre esos callejones de maldición habitan niños y niñas que cohabitan con la corrupción. Hasta allí llegó la fotógrafa Zana Briski, y luego del cineasta Ross Kauffman, a explorar una desesperanza más negra que un pantano — descubriendo en ella, sin embargo, una posibilidad, aunque mínima y tardía, de redención por el arte. Es un documental…

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