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Categoría: seudónimos

Qué hay detrás de un nombre.

Uno no escoge su nombre, y mucho menos su apellido. La denominación que se le da a uno en el mundo contiene la predilección de los familiares, la herencia, algo de la historia y esa costumbre humana de marcar la propiedad. Con los años ese nombre llega a significar algo, que será distinto dependiendo de a quién se le pregunte, pero que en general representará una trayectoria, unas costumbres, unos gustos, unas condiciones — un destino. También una imagen. El nombre exige que uno sea quien es. Que seas el mismo que fuiste ayer. O que si cambias ese cambio sea gradual y no represente una ruptura del yo conocido. Por eso muchos religiosos se cambian el nombre después de la experiencia iluminadora y la resultante conversión. Una amiga que tuve se cambió una vez el nombre, convencida de que su nueva identidad –extraída de la Biblia– le pondría de lleno en el camino espiritual. Nosotros, los que le conocíamos desde antes, tartamudeábamos a la hora de llamarle para cualquier cosa y, en vez de aceptar de una vez su nueva identidad, empezamos a evitar esos momentos en que la llamaríamos por su nombre. Cuando ella no estaba ahí y nos referíamos a ella usábamos los dos nombres, algo así como decir: “Sara, o Inés, o como sea que ella se llame dijo que…” A estas aclaraciones añadíamos una retorcida de ojos o un gesto de negación con la cabeza. En el fondo pensábamos: ¿a quién se le ocurre que…

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