Para aquellos de nosotros que vimos el nacimiento de la superautopista de información (¿se acuerdan de esa tonta frase?) podría parecer que la promesa del medio se ha diluido en nuevas y más perniciosas formas de entretenimiento que buscan nuestra atención para vender anuncios, productos y suscripciones y que a la vez recopilan datos sobre predilección y hábitos para ofrecernos al mejor postor. Como dicen, somos el producto. Esa no era la promesa del internet según se ofrecía en sus inicios. Se hablaba entonces de una especie de aldea global donde predominaba el intercambio de ideas, la colaboración en proyectos de interés mutuo y el surgimiento de comunidades y líderes que en base al diálogo y el activismo digital ayudarían a crear un mundo mejor. Qué utópico era todo eso: yo me acuerdo cuando entré por primera vez a una red de internet previa a la era de los navegadores gráficos donde el acceso se pagaba por hora (así que no íbamos allí a perder el tiempo) y en el que el acceso a listservs (listas de correo) y newsgroups (foros de “noticias”) llevaba a conversaciones y debates sobre temas de actualidad o asuntos de conocimiento especializado. Parecía entonces que el internet iba a ser un medio para intercambios académicos y de investigación. En esos mismos días del pre-internet de hoy asistí a una conferencia en Harlem donde académicos y expertos en las nuevas redes discutían las posibilidades que se cernían en ese mundo de pantallas y teclados, módems (esta…
2 comentariosCategoría: tecnología
El Gran Hermano siempre está mirando y lo sabe todo. La verdad es un asunto relativo y manejado por ministerios de información que componen la historia a su manera. La clase marginada es casi vista como subhumana, mientras que la gran mayoría se encuentra sumida en el sueño profundo del entretenimiento masivo. La guerra es la paz. La libertad es esclavitud. La ignorancia es fuerza. Los hechos no son los hechos. Le he oído a varias personas con conocimiento general de la literatura comparar los tiempos en que vivimos con el mundo distópico de “Mil novecientos ochenta y cuatro”, la novela de George Orwell en cuya trama un sistema totalitario mantiene el control de la población por medio de la vigilancia masiva por medios tecnológicos y la represión de las dictaduras convencionales. Estas comparaciones me han puesto a pensar sobre las distopías y el papel que juegan en nuestra conciencia colectiva. Ese tipo de ficción no me ha atraído como lector, tal vez por la experiencia que he tenido con otros lectores, personas de pensamiento conspiratorio que he conocido por ahí y que me han citado este 1984 de Orwell, o su otra novelilla “Animal Farm”, o el “Brave New World” (“Un mundo feliz” de Aldous Huxley), o el “Farenheit 451” de Ray Bradbury, hablando de estos textos casi como si fueran presagio o evidencia de un mundo en el que nos controlan quienes manejan la información. He visto sus ojos abrirse, animados, y trazar paralelismos a los medios de…
Dejar un comentarioDía llegará en que un lector no podrá distinguir si esta oración la escribió un ser humano o un robot. Vamos por ese camino en que la informática sustituye a la gente y logra simular lo que somos. No estoy exagerando. Ya he visto experimentos de periodismo elemental, por ejemplo, realizado por medio de algoritmos que saben recopilar y ordenar información para luego colocarla en oraciones que tienen los sujetos, verbos y predicados en los lugares donde podríamos esperar que estuvieran. Aunque los artículos publicados por medio de estos designios son todavía muy básicos — recuentos de eventos deportivos o resultados de las bolsas de valores — estos son los primeros pasos hacia la automatización de los medios. Me enfoco en esto porque es lo que me toca más cerca, pero no es la única actividad humana que los algoritmos y las máquinas que los ejecutan nos pueden quitar. Hay robots que se encargan del transporte y la manufactura en las grandes fabricas del mundo. Hay robots que pueden estudiar miles y miles de documentos y códigos de leyes para producir análisis legal y compendios de estrategias corporativas. Hay robots que pueden considerar un número de síntomas y diagnosticar una condición de salud, y otros que pueden tomar la receta médica y procesarla para generar el medicamento con sus recomendaciones de dosis. Hay robots que pueden jugar fútbol. Hay robots que pueden sonreir. Hay robots que pueden jugar el papel de psicoterapeutas. Hay robots que pueden manejar un vehículo, desde…
13 comentariosA mí desde un principio me pareció que el diseño de lectores de textos para la pantalla era un paso importante para la diseminación de las letras. La posibilidad de liberar el texto de la forma tradicional del libro me ha parecido una multiplicación del efecto Gutenberg, porque abre nuevos canales de distribución y facilita la publicación de todo tipo de libros. El elemento que faltaba era el puente que llevara a los lectores esos textos, que inicialmente flotaban huérfanos por las nuevas redes de Internet. En los últimos dos o tres años se ha acelerado el proceso de construir una estructura más sólida, tanto para que el autor ponga sus libros al alcance como para que los lectores descubran por búsqueda o afinidad esos textos que les pudieran interesar. Ha llegado el momento del libro electrónico. Como en todo salto hacia adelante, este fenómeno no es algo que dependiera de un factor aislado, sino de varios avances tecnológicos que coinciden y hasta compiten. El proceso de desarrollo de los lectores de libros electrónicos había sido lento en comparación a otras plataformas, como las que se han creado para distribución de música y video en la red. Algunos expresaban dudas de que el simple texto de los anticuados libros pudiera competir en un mundo mayormente audiovisual. Pero hace años que el fenómeno Amazon ha demostrado que hay espacio para los libros en la red. Fue precisamente esa compañía –entre las pioneras de venta de mercancías en Internet– que formuló el…
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