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Categoría: verdad

‘La verdad es un camino sin senderos’

Dicen que cuando el alumno –o el discípulo– está listo, el maestro aparece, pero no nos quedemos ahí. Estaba este que escribe en ese estado de ánimo, tal vez su juicio influenciado por una gripe invernal, cuando por allá a inicios de los noventa puso el canal de acceso público de la televisión por cable en Manhattan y vio venir a este hombre de edad mayor, pelo blanco, caminando firme hacia el frente de una multitud, donde le esperaba solamente una silla de espalda dura y un micrófono. Me llamó la atención este maestro, no tanto por lo que decía, porque en principio me costó entender su mezcla de acento inglés e indio, sino por la intensidad e intencionalidad en su rostro. Capturé algunas frases, muchas de ellas sobre cuestiones como estas que parafraseo a mi manera: ¿Qué es la paz? ¿Es meramente la ausencia de guerra? ¿Qué es la violencia? ¿No es la no-violencia otra forma de violencia? ¿Es el pacifismo estar opuesto a la violencia? ¿Es el bien el opuesto del mal? ¿O es el bien algo completamente diferente? ¿Y qué es la sociedad? ¿No es la sociedad una proyección de nosotros mismos? Este señor cuya presencia y preguntas me habían desarmado era Jiddu Krishnamurti y tendría en mí un impacto que yo consideraría significativo, aunque no tal vez en esa manera de maestro-discípulo que a veces añoramos. Me han regresado sus preguntas en estos días de polarización política y de grupos e intereses que se interponen en…

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Religión más allá de la fe

Hace más de tres años que empecé una exploración sobre lo que denominé “el deseo de pertenecer” — la búsqueda que lleva a muchas personas a afiliarse con instituciones religiosas y lo que ofrecen esas instituciones en sus principios y vida comunitaria. Me propuse ir a iglesias de distintas denominaciones como una combinación de ejercicio periodístico y experiencia personal que decidí compartir –en parte– en estas páginas. Afirmé desde un principio que me acercaba a esta actividad con mente escéptica, casi con ánimo antropológico, y no en busca de mi propia salvación. Nunca imaginé que en ese proceso encontraría un hogar espiritual. La razón: Detesto los dogmas. No tengo ningún interés en repetir afirmaciones de fe ciega ni en investir alguna persona o doctrina de autoridad sobre mi visión de la realidad. Sin embargo, en cada iglesia a la que fui (unas sobre las que escribí y otras que se quedaron muchas veces en el tintero) encontré pastores y predicadores dispuestos a convencerme de que ellos tenían la verdad. Unos, muy sutiles, decían no presionarme y querían conversar sobre mis inquietudes, pero cuando creían que me tenían ablandado hacían su oferta de un viaje directo al cielo. Otros, menos sutiles, vinieron a tocarme la puerta de la casa por meses, y sábado tras sábado les expuse la falta de lógica en el fundamento de su fe, sin lograr que entráramos en diálogo alguno: tenían una cita bíblica para todo, incluso para salir de aprietos y cambiar de tema. Me enorgullece…

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Las lágrimas del arte.

Un personaje puede ser verdadero hasta las lágrimas. Puede arrancarnos de nuestra inercia y propulsarnos a la acción, o viceversa. Puede afectarnos de manera profunda. ¿A qué se debe esto? ¿Será que la prosa bien trazada nos lleva a un delirio? ¿Será que olvidamos que aquello es ficción? No lo olvidamos. Más bien sufrimos porque sabemos que, a pesar de los hechos, hay algo que va más allá del simple recuento de las cosas. Sabemos que la verdad trasciende nuestras pequeñas identidades, y que puede ser verbo y hacerse carne. Es un misterio al que acudimos cada vez que nos conmueve un cuento; cada vez que nos embriaga una novela; o cuando nos hace temblar la fuerza de un actor. ¿Y qué decir de una poesía? Acomodamos las formas para que sean receptáculo de algo que no tiene formas. Y esas lágrimas que provienen del arte pueden ser más puras que las que identificamos con nuestros apegos, intereses y temores. Gracias por visitar Libro Abierto. Para subscribirse a futuras publicaciones, escríbanos a libroabierto@vmramos.com.

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